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El rol del ingeniero de software en tiempos de IA

La IA no te saca el rol, te lo corre de lugar

Por Nico BorromeiPublicado 4 de agosto de 20265 min
Nico Borromei
Nico BorromeiSoftware Engineer · Qurable

La buena noticia es que se mueve hacia arriba. El valor del ingeniero dejó de estar solo en cómo se implementa algo y se corrió hacia qué vale la pena construir y por qué. Puertas adentro vivimos ese cambio como una oportunidad de evolucionar la ingeniería.

Cómo evolucionaron las habilidades en la ingeniería de software

Durante años, la habilidad central de un ingeniero estuvo concentrada en la implementación, dominar un lenguaje, escribir código limpio y eficiente. Esa era la parte difícil y la que más se valoraba. Saber cómo hacer algo era el diferencial.

La IA corrió el peso de esa balanza. Buena parte del trabajo mecánico (la sintaxis, la primera versión de una función) hoy se resuelve más rápido y con menos fricción. Lo que no se delega es el criterio, entender el problema antes de escribir una línea y anticipar dónde se va a romper algo.

La habilidad del ingeniero se desplazó hacia donde siempre fue más difícil de adquirir. Menos peso en la sintaxis, más en el juicio, en saber qué código tiene sentido escribir.

Ownership: el ingeniero también piensa el producto

Acá una feature no es solo un ticket que se cierra. Cuando uno se adueña de una funcionalidad, va más allá del "cómo lo implemento" y se mete en el "cómo debería ser". Esta cercanía técnica le aporta al producto una mirada distinta. ¿Dónde están los costos ocultos? ¿Qué decisión de hoy nos va a complicar en seis meses? Por eso fomentamos que cualquiera, desde cualquier rol, proponga mejoras y se haga este tipo de preguntas.

El ownership real aparece cuando el ingeniero deja de esperar la bajada y empieza a aportar: plantea puntos clave y negocia trade-offs con producto hasta equilibrar lo técnicamente sólido con lo que aporta valor al usuario. Producto e ingeniería terminan en una misma conversación, con dos miradas que se complementan.

Esto es, para nosotros en Qurable, emprender con compromiso y entusiasmo. No esperamos a que nos digan qué hacer, buscamos entender el "para qué" detrás de cada pedido y hacernos responsables del resultado.

— Nico Borromei

La IA como multiplicador de alcance

El desarrollo asistido por IA nos cambió la escala de lo posible. Y la clave es que no se trata de trabajar más, sino de llegar más lejos, de pensar la solución "desde arriba". Un mismo ingeniero puede estar involucrado en varias iniciativas a la vez y acumular conocimiento de distintos clientes en paralelo, algo que antes era impensado por puro límite de tiempo.

Ese alcance afina el criterio de producto. Estar en varios proyectos a la vez permite ver los patrones: cuando distintos clientes enfrentan necesidades parecidas, uno empieza a detectarlas. Así surgió el portal de rewards, respuesta a una necesidad recurrente de clientes que no contaban con esa solución. De ese patrón compartido nació un prototipo que hoy es parte del producto. No salió de un roadmap, sino de estar metido en varios problemas a la vez y reconocer que el mismo dolor se repetía.

Y es ahí donde la IA hace la diferencia, acelera el discovery, nos permite iterar y resolver sobre la marcha, y validar cada vez más rápido lo que el cliente realmente necesita. En el fondo es cambiar con el cambio: avanzar con más dudas que certezas, tomar riesgos calculados con la información disponible y dejar que la solución evolucione iteración a iteración en lugar de esperar a tenerla perfecta antes de arrancar.

Cuando juntas ownership y alcance, el ingeniero deja de resolver tickets y empieza a hacer inteligencia de producto. Ese es el sentido de involucrarnos con el problema de nuestro cliente. No nos involucramos con un requerimiento puntual, nos involucramos con el problema de fondo. Cuando lo entiendes tan bien como el cliente (o mejor), dejas de entregar lo que te piden y empiezas a anticipar lo que necesitan.

El rol en la industria, la conversación que no termina

Si la IA escribe cada vez más código, el valor del ingeniero está en todo lo que rodea al código: meterse en el negocio, entender por qué el cliente necesita lo que necesita, anticipar los riesgos técnicos antes de que se conviertan en problemas. Y decidir qué construir hoy y qué va a envejecer mal.

Nada de esto se construye en soledad. El que se adueña de una feature necesita discutirla con producto; el que prototipa una solución necesita el feedback de otros para validarla. Cuanto más código resuelve la IA, más tiempo nos queda para la parte humana del trabajo, y en esa dinámica nacen las mejores ideas.

¿Y si la IA, en vez de aislarnos, termina potenciando nuestro lado más social? Puertas adentro ya lo estamos viendo, la buena ingeniería es una conversación que no termina.

Preguntas frecuentes

El trabajo mecánico se resuelve más rápido y el peso pasa al criterio: entender el problema, anticipar riesgos y decidir qué código tiene sentido escribir.

Adueñarse de una funcionalidad más allá de cómo implementarla: preguntarse cómo debería ser y negociar trade-offs con producto hasta equilibrar lo técnicamente sólido con lo que aporta valor al usuario.

Como multiplicador de alcance: acelera el discovery, permite iterar más rápido y que un mismo ingeniero participe en varias iniciativas a la vez.

De una necesidad que se repetía entre clientes que no contaban con esa solución. De ese patrón compartido nació un prototipo que hoy es parte del producto.

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